Cosas que aprendí a la mala a mis 23 años

Si pudiera describir la forma en la que comienzo una idea podría decir que es con miedo y algo de vergüenza. Es como si tuviera que comenzar hablar frente al público y te encuentras dubitativa sobre lo que puedan pensar de ti. Estoy tan poco acostumbrada a escuchar mi voz interna que cuando quiero sacarla mis manos tiemblan cuando se deslizan entre las teclas. Por eso ahora mismo me disculpo con quienes lean estas líneas, tal vez puedan pensar que poseo una sintaxis pésima y una ortografía poco deseable. Desde hace años he estado buscando algún curso que me ayude con mi redacción y poder crear relatos con buen ritmo, sin embargo no me ha sido posible pues me encuentro escribiendo mi tesis de licenciatura (lo cual saben absorbe algo de tiempo). Así bien no prometo este sea un escrito magnánimo ni pretendo conmover a quien lo lea, es solo una de las pocas formas que tengo de compartir lo que siento con otros jóvenes de mi edad, también admito es, una forma egoísta de compartir mi voz interna que desde hace días ruega porque manche este papel lleno de pixeles, los cuales me ruegan por no continuar en blanco.

Ya van varios días desde que cumplí veintitrés años, para ser exactos noventa y uno desde el dieciocho de marzo del dos mil diecisiete. La celebración fue algo deplorable, algunas copas de vino, dos personas más conmigo (mis amigas de la universidad) y una invitación de tres personas foráneas a mitad de la noche. Terminó como un cumpleaños debería de terminar, cansado y con pocas expectativas (sin mencionar la deuda que generé por romper la prensa francesa de una de mis amigas). Desde hace tiempo que ya no celebro mis cumpleaños en grande porque ya sé que nadie vendrá, es por eso que no invito a personas que sé que les importa un comino venir. 
Recuerdo ahora con nostalgia que mi mejor fiesta de cumpleaños fue en el año 2002, cumplía ocho e igual tenía dos mejores amigas: Claudia y Joceline. Fue el cumpleaños más lindo pues me sentía amada y acompañada, ademas de que la inocencia de la niñez se encontraba presente. Tuve un globo inflable y mis padres estaban juntos, mi hermana me había peinado con unas trenzas intrincadas que me gustaban mucho, el único conflicto que podía tener en ese momento fue cuando mis compañeros del salón me aventaron al pastel, me puse a llorar pues sentía que se me había metido a las fosas nasales; "a nadie deberían de pasarle cosas feas en su cumpleaños" fue lo que pensé. Quince años después me di cuenta que "a nadie deberían de dejarlo plantado en su cumpleaños" ahora yo misma soy la que se avienta al pastel.
Como pueden saber en realidad fue mi mejor cumpleaños, tuve regalos, tuve un pastel bonito, una casa con un jardín hermoso y una fuente, me sentía una niña muy afortunada pues nada me faltaba. Ahora mismo he aprendido muchas cosas desde entonces, existen dos - yo - incluso, la niña de ocho años feliz y engreída y la mujer de veintitrés desempleada y con muchas expectativas. Por ello es que dicen que la mejor etapa es cuando se esta en la niñez, pues se ignoran muchas cosas.
Una de ellas es cuando me preguntaba si sería bonita cuando me convirtiera en mujer, me gustaba mucho imaginarme a mi y a mis amigos en el futuro, ahora puedo responderles mi ego me da para auto catalogarme pues me considero bonita, sin embargo no viajaría en el tiempo para responderme algo tan banal. Si pudiera hablar ahora mismo con mi yo de hace quince años me diría una sola cosa: "Cree en ti misma, no en los demás". Aun así no sé si serviría de mucho, mi madre siempre ha creído en mi y a veces me da miedo decepcionarla. Es difícil ser esa persona que genera expectativas, aunque supongo que es normal que tus padres piensen eso de ti. Mi madre cuando era niña me decía que solo cosas grandes esperaban para mi. Y ahora me es difícil concentrarme sola en mi departamento de estudiante, con meses de atraso en la renta, una tesis por terminar, el estomago vacío, varios amigos que no son mis amigos, varios favores que no son regresados, el descubrimiento de una sociedad hipócrita y mediatizada, ganas de vivir muy lejos de la ciudad, de comenzar de cero.
Muchas veces despierto por la mañana con muchos proyectos que terminan mucho más rápido que lo que se tardan en iniciar, no sé si debería de llamarlo depresión. Cuando se termina la universidad no hay más que una pregunta en la cabeza de un egresado: ¿Y ahora qué? 
Es muy fácil decir lo que vas a hacer y no hacerlo, Por eso dicen "Cuéntale tus proyectos a Dios y se burlara", creo que los proyectos solo se logran cuando los trabajas diariamente.
A veces puede ser muy desolador el inicio de la vida de un joven en México, hay veces que se busca avanzar pero al final terminamos convirtiéndonos en esa maquina tradicional que ya lleva varios años funcionando, con esto me refiero a las idioteces de "priennial" y pendejadas que se les ocurren a los mayores para seguir reproduciendo un sistema por demás podrido.
En fin,, solo me encuentro aquí escribiendo para quien lo lea y para decir las cosas que he aprendido, las cuales no son muchas pero creo que deberían de ser de utilidad para alguien allí afuera.
Aprendí que quizá soy ese 2% que usa todas las redes sociales (paradójicamente) sin embargo cree que no deberían de existir pues no sirven más que para distraer la mente, el capitalismo ha invadido incluso estos pequeños huecos de pensamiento. El gran hermano ya esta aquí.
Aprendí que puedes llorarle a las personas para que se queden y aun así no van a quedarse.
Aprendí que en la universidad los profesores no trabajan en conjunto y al contrario de lo que pensaba, luchan por ideales egoístas que no contribuyen a la cooperación, que al final es lo que mi carrera debería de enseñar pero me doy cuenta en realidad no me han enseñado NADA porque no lo practican.
Aprendí que la violencia de género existe en el trabajo y que en México vales mucho mas por ser sumisa y coquetearle al jefe (aplica a los lame huevos hombres) que por ser capaz y tener mérito (por ese descubrimiento es que sigo desempleada).
Aprendí que en México si eres mujer eres tonta y si eres feminista eres loca.
Aprendí que las personas pueden verte llorando en la calle y que primero se burlan antes de preguntar que es lo que te pasa.
Aprendí que las personas opinan de política sin saber realmente de que demonios hablan, se quejan más de lo que analizan.
Aprendí que vale más tener un solo amigo leal que tener cinco desleales.
Aprendí que quien traiciona a otros te traicionará a ti inevitablemente, porque la naturaleza de los alacranes es picar.
Aprendí que no debo tener miedo a expresar mis ideas a pesar de las represalias, siempre y cuando no viva en un estado autoritario.
Aprendí que vale mucho más una tarde a solas que una noche de copas acompañada, al menos en la primera tengo tiempo de aprender algo.
Aprendí que no debo de estancarme en ningún lado, pues en el mundo moderno, ser sedentario y mantenerse seguro es el acto más cobarde para los hombres del siglo XXI.
Aprendí que Carl Sagan no estaba equivocado, no somos mas que un pálido punto azul en la inmensidad, nuestras acciones no llevaran a ningún lado. Estamos condenados a la cosmogonía. Cada vez comienzo a creer con certeza que solo somos un error en el universo que muy pronto será borrado por nosotros mismos, pues somos nuestra virtud y nuestra propia condena.
......
To be continued.










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