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Día de las madres

He aquí una historia.
Cierta ocasión una niña se sentía menospreciada por sus compañeros de clase, tenía doce años en ese entonces. Siempre la molestaban pues la hacían sentir fea y tonta. Ella lo creía como verdad. Pensaba que si tantos se lo decían tenía que haber algo de razón en ello. Le decian tener la nariz de "calamardo", los dientes chuecos y su piel no era tan blanca como la de otras compañeras que eran catalogadas como bonitas, además no era tampoco la más inteligente pues su promedio no era digno de admirarse o presumir. Sentía incluso que su familia no debería tener motivos para sentirse orgullosos o dichosos de tenerla como una integrante más, con decirles que en una ocasión su hermano dijo: " Pero que bonita se esta poniendo mi hermanita"-refiriéndose a ella, quien enseguida quiso echarse a llorar pues evidentemente no lo creía, pensaba que solo lo decía para molestarla.
Una ocasión participó en clase de Historia en su secundaria acerca de la política en el país y uno de sus compañeros le dijo: "Tu cállate tu eres mujer, tú no sabes". En ese entonces ella pensó que quizá tenía razón, la política es una cosa de la que sólo los hombres hablan y saben, así que lo creyó nuevamente como verdad. Por tanto, esta niña dejo de opinar en clase pues creía que no tenia nada nuevo o interesante que decir, cualquiera de sus compañeros era mejor que ella y prefería mejor sentarse a escuchar. Un día quiso nuevamente agregar algo a la clase y el profesor la felicitó por su pregunta (claro que ella no lo creyó como verdadero) y en ese momento pensó que podía quizá, participar de vez en cuando. Cuando termino la clase el mismo compañero le dijo : "Siempre dices pendejadas en clase, por tú culpa salimos tarde". La niña tenía ganas de llorar, no entendía por qué su ego le había permitido hablar, era claro que sus aportaciones no eran importantes. Aún así, se echó a llorar sobre todo cuando una de sus unicas amigas le dijo: "sí, la verdad deberías de callarte". Pasaban muchas cosas por su cabeza en ese momento, cuando sé es puberto uno cree que el mundo termina con un pequeño drama y a ella le paso así. Todo tenía sentido, no tenía amigos en la escuela, nadie le hablaba en el recreo, más que su amiga Nancy (quien también a veces la dejaba sola), creía que no había motivos para creer en sí misma, tal vez se merecía que sus compañeros la tratarán así, por ser loca, por ser diferente. Entonces cuando iba camino a su casa vio que había una mujer que se le acercó y le preguntó porque estaba triste. Ella le contó como se sentía y como la trataban sus compañeros, continuaba llorando y no podía controlarse, tenía ganas de no volver a la secundaria nunca. La mujer la miró con dulzura y le respondio: - "Tú no lo sabes, pero estoy segura que serás una mujer muy importante en el futuro. Te conozco y sé que naciste para algo grande, tú eres mejor que eso, no dejes que los demás determinen lo que eres. Ve mañana a la escuela y demuestrales que eres fuerte, que tus opiniones importan al igual que los demas, ve a demostrarles quien eres, incluso ahora te veo y no puedo creer que alguien tan bonita haya salido de mi vientre". 
Al día siguiente la niña despertó con mejores ánimos, y decidió que si nadie iba a hablarle ella encontraría una forma de reemplazarlo. Entonces comenzó a escribir cuentos, cuentos para niños de su edad. Y cuando su madre descubrió que escribía le regaló el libro de Cumbres Borrascosas de Emily Brontë, y la hizo sumergirse en el mundo de Hans Cristian Andersen. 
Conocer libros de tal talla, la impulso a olvidar que sus compañeros no le hablaban, mientras estaba sola creaba personajes que a su vez le pedían cada vez más continuar con ellos y sus pequeños cuentos. La niña creía que su madre tenía razón, algún día ella dejaría huella y sería importante, pues si había alguien como su madre que creía tanto en su talento ¿quién era ella para evitar las esperanzas que se habían impuesto desde que nació? Así que años despues creció pensando que la literatura era la salvación de los humanos y soñaba con algún día salvar a una niña como ella. 
Si es que se lo preguntan, la niña soy yo, Fátima. La dulce y cariñosa mujer es mi madre, Angélica. 
Gracias mamá por regalarme esos libros tan importantes en la literatura, por hacerme creer que mis sueños no son pequeños y que un día los puedo hacer realidad. Gracias por impulsarme en mi carrera de Ciencia Política, que a pesar de lo que dijo aquél chico, las mujeres también podemos pensar la política como algo formal. Y de nuevo, gracias mamá por hacerme saber que puede que para muchos sea absurda mi carrera, pero para mi es importante y tu me ayudas a creer en mis sueños. Quizá aún no soy la escritora importante que de niña soñaba ser, pero estoy segura que si tu crees en mí entonc, todo el mundo y el universo estará a mi favor para que lo logre. 

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