Reencuentro...

Ignorante de mí, él estaba ahí. Intacto, con ese bello caminar que lo distinguía. Era como si el paso del tiempo no lo hubiese atropellado. Su persona no estaba modificada. Sus ojos color miel, el cabello aterciopelado, su forma impecable de vestir…
Con cada paso dejaba tras de sí un ápice de experiencia que la grande ciudad le había impreso. Su mirada era segura y no hablemos de su sonrisa. ¡Tan encantadora como siempre! Tenía una forma de moverse con estilo, demasiado inconfundible. Esa misma forma de caminar es la que me ha mantenido absorta en sus movimientos hasta este momento.
Mientras seguía inmóvil contemplándolo, me percate de una sensación extraña que proyectaba. Era como si fuera una cápsula, sí una cápsula. Una de esas que olvidas tomar cuando estas enfermo. Una de esas que prescribe el médico cada doce u ocho horas. De tiempo prolongado, que sabes que son necesarias para sentirte bien. Sin embargo, tras la primera toma desaparecen los primeros síntomas, y es así que te olvidas de ella. Pero cuando la vuelves a recordar, ahí en el bolsillo trasero de tu pantalón, o en la parte más recóndita de tu bolsa. Continua, expectante, ilesa, por arte casi de magia. Al tomarla crees que en realidad nunca la olvidaste y por tanto te dará el mismo bienestar. Aun así el tiempo ha transcurrido (y tristemente) esto último es imposible. Tú eres mi capsula, tu eres esa cápsula. Sé que no será el mismo bienestar, pero te deseo. Deseo que recorras mi garganta y sienta el roce de tu ser. Mi medicina personal. Hay tantas cosas que deseo, ahora, que vas por ahí. Siendo ignorante, me ignoras. No existo en ese pequeño mundo que tus pies dibujan. Tu camino está trazado, el mío también. La diferencia quizá radiqué en que mi mundo te anhela. Tanto como un misionero la redención, o un político el dominio total.
Así te quiero, eres mi capricho casual. Espontaneidad ya pensada, eso eres tú. Un segundo en el reloj que marca los pasos de un destino bifurcado. Del primero tú eres el dueño, yo soy la posibilidad dos. Quizá no la escojas nunca, no puedo entrar en ese tipo de azar. Mi mundo te ahnela todo el tiempo, no importa cuántas veces lo repita, él te seguirá atrayendo hacia mí. Pero eso no importa. Como muchos más en el universo me ha tocado ser la amiga eterna, la que solo ahnela, la que desea obtener. ¿Quién dice que eso se llame amor? Tal vez sólo es ansia de ti, de conseguir aquello que o se puede saciar. Igual lo sé, estoy consciente. Los rechazados lo sabemos. Quizá alguna vez también me has anhelado, bajo una combinación de colores. Pero como cambia un caleidoscopio, cambia tu opinión. Por eso sigo aquí, esperando coincidir con tus pasos, hacer que el destino me atrape y me haga suya. Y juegue a las “escondidas conmigo. Y que cuente hasta tres, para que el caleidoscopio vuelva a repetir esa figura donde al fin mis ojos se junten con los tuyos de forma única, discreta e infinitesimal.
La realidad es otra, y yo sigo meditando el drama. El drama de ser rechazada, de que seas inalcanzable. Es verdad el “nunca digas nunca” pero yo no sé cuál es la fórmula para que te fijes en mí. A pesar de esto sigo observándote de lejos, cuando el ocio se llama “amor”, encuentro en oferta una posibilidad de hacerme notar. Me levanto rápidamente para evitar que te alejes, pues ya vas a varios pasos de distancia. Yo me acerco pero no lo bastante, y es ahí donde encuentro mi oferta. Uno de mis papeles se vuela (papeles importantes, los que guardas en un folder de 3 pesos), gira, da vueltas y te alcanza. Como si quisiera jugar a bailar con el viento (Al igual que yo cuando pienso en que podrías estar conmigo). Nerviosa no sé qué hacer, incluso me siento ridícula. Y por alguna extraña razón siento que tú sabes lo que me está pasando. Tu que ni siquiera te has percatado de mi presencia. Sigo persiguiendo absurdamente mi documento, el cual contiene mi nombre. Corro tras de él y el sigue alejándose, burlándose de mí, guiñándome el ojo para que deje de soñarte. Puede ser que esta sea la mejor excusa para encontrarnos, a pesar de que quiero evitarme la escena del rechazo. Aunque ¿quién dice que deba ser un rechazo?, ya han pasado varios años. Es posible que ya me encuentres atractiva. Busco así mi documento escurridizo y este se lanza a tus pies, causándome recargas eléctricas en el estómago. Como cuando te golpeas el codo con una superficie dura, dejando tras de sí dolor y expansión de un hormigueo molesto. La gravedad ya ha atraído mi documento hacia ti, a tus pies, o al menos muy cerca. Me quedan segundos quizá un minuto. Debo decidirme.
El centro de gravedad, el tiempo, el viento, el lugar. Juntos han conspirado para que accidentalmente pueda unirme a ti. Es cuestión de energías, mi mente ha ganado.  Pero no estoy lista, no estoy lista para que atrapes el “papel”, lo tomes entre tus manos y leas que ahí esta tú amiga adolescente entre líneas. Sí, entre líneas. Un nombre atrapado en una formalidad documental. Sé que lo leerás y en el siguiente instante tus ojos tendrán ese brillo que danza cuando traspiras felicidad. Resplandecerás y me contagiarás y así el caleidoscopio volverá a su forma original. La de siempre, la que siempre debió ser. Doy algunos pasos hacia mi destino. Quiero que me atrapes y me des un beso, como aquél marinero se lo hizó a su enfermera. Sí, se lo hizó. Porque los besos se hacen, y te llevan a un acantilado de sentimientos. Del cual en algún momento debes saltar… Como yo estoy apunto a saltar hacia mi camino. Sal de mi bolsillo, cápsula predestinada. Cáusame bienestar, elógiame con tus bondades que vienen implícitas en un cosquilleo. Ahora eres mi preso, preso de mi cuerpo y de mis células, las cuales buscan atrapar las sustancias que desprende tu cuerpo. Sé que puede parecer una extraña analogía siendo que las capsulas curan enfermedades o dolor  ¡Y yo estaba enferma de amor! Por supuesto que lo opuesto que deseaba era curarme.
Y así, es como te hago dueño de mis profundos pensamientos y de mis propias entrañas. Mis pensamientos pasionales que siempre has visto como los más simples.
Al fin fijas tu mirada en mi documento intruso. Se acerca el final. El desenlace heroico, por llamarlo de alguna forma. Los nervios pueden más que mi ser. ¿Será acaso que presenciaré tu aceptación? ¿El viento de verdad conspira a mi favor? Te agachas dulcemente hacia mis papeles, incluso has corrido para atraparlo en pequeñas zancadas. Yo aún inmóvil (He dejado de caminar, el minuto corrió muy rápido). ¿Estoy preparada para el momento final? ¿Qué tal que después de tu aceptación yo ya no te anhelo? Eras mi sueño y ahora que estoy tan próxima a alcanzarlo ya no lo quiero. Se volvería banal. Si supieras todo lo que pienso seguro te botarías de risa, esa, la inconfundible y contagiosa, la que ya no quiero escuchar. Exacto, ya no. No puedo, renuncio a esto. Bueno no, o en realidad sí. Estoy confundida. Es difícil renunciar a esos hermosos ojos amielados, o a esa barba tan varonil que cuidas con la voluntad de un caballero. Aun así, me niego. Me estoy rehusando. No puedo llegar al “sueño” sería, ridículo. Cosas de mujeres, no lo entenderías, a fin de cuentas ni siquiera eres consciente de lo que siento. Te volviste un motivo durante cierto tiempo, mi meta era que al fin vieses mis bondades, cambie día a día, mejoré para obtenerlo.
No hay explicación coherente, es como cuando alguien que desea venganza calcula cada mínimo detalle y saborea su victoria antes de tiempo. No importa que tan frío termine el plato, la intención es consumirlo. Innumerables casos hay de quienes a punto de lograrla la abandonan, abandonan el plato pues perdieron la vida preparándolo. Así, así es como lo siento. Pero ya sé que no lo entenderías. Así que ahora después de tanto tiempo de estarte pensando. Tengo todas las oportunidades pero soy una mujer fuerte y las rechazo. No podría imaginarme a tu lado, te dejaría de soñar. No te valoraría igual. Y tú mi amor, mi cápsula. No te mereces eso. No mereces que un día te convierta en cotidiano, ni que llegue aquel incomodo instante en que dejé de sentir un vuelco dentro de mi ser.
Por eso renuncio.
Renuncio a ti, quizá otro día te vuelva a encontrar. O tú me encuentres. O nunca te vuelva a ver. Hay un mundo de posibilidades donde mi ilusión se deposita en que tú también me anheles alcanzar. Ya has visto mi documento e inquieto haz comenzado a buscar mi rostro. Me he colocado estratégicamente entre las personas. No podrás verme. Lentamente me doy la vuelta, sin regresar la vista, siendo firme en mi decisión. Evitando volverme piedra, engañando a mi destino. Eres mi sueño y ni la realidad podría arrancarte de mí. Seguiré construyendo con mis pensamientos insaciables la idea de ti. En algún momento mi torre de babel deberá colapsar.

Entonces, hasta ese entonces…..

Comentarios