Entre luz y Penumbra



Si entrecierro los ojos y dejo que uno de los rayos entre a mí parpado, podría casi ver desde aquellos el destello que tenían tus ojos cuando preguntabas en la mañana: ¿cómo dormiste?
Solo para que con tu pregunta me incitaras a que buscara un beso inocente de tus labios (como si mi lengua no hubiese estado en lugares prohibidos una noche antes), y después argumentaras que no querías continuar besándome porque tenías miedo de que me percatara de tu aliento matinal que en realidad es más normal de lo que imaginabas, tan normal como para que a pesar de que me hubiera percatado no habría removido ni un centímetro de mi cuerpo tan solo para estar unos momentos más junto a ti.
Sabía que en la mañana el final era inminente, y la excusas para echarme de tu casa eran más sencillas de utilizar que en la misma noche. Al menos en la noche los peligros nocturnos pueden aquejar a una mujer mucho más que en la mañana, la caminata hacia mi casa sería mucho más imperceptible a sí estuviera acompañada por un hombre a altas horas de la madrugada. Sé que siempre pensabas en mí y por eso sugerías que me quedara en tu habitación, sólo hasta que la oscuridad pasara y así lograras tener la excusa perfecta que simula no rechazar la soledad, aunque fuera solo un día.
Y ahí estaba yo pobre e ingenua, esperando que me dijeras que no tenías asuntos que atender, y que podíamos tomar el desayuno juntos solo para disimular que no nos habíamos utilizado mutuamente hace tan solo unas horas. Sabía muy bien lo que ocurriría al día siguiente, sin embargo nunca intente huir. Por alguna extraña razón, las mujeres somos crédulas de muchas teorías y pensamos que las actitudes pueden a veces salirse del rango. Nos hacemos las mismas preguntas estúpidas pensando en que puede llegar un día a ser diferente. Pero el error está ahí, continuamos y nos empeñamos tanto en buscar un cambio por doquier, que no realizamos el cambio necesario dentro de nosotras mismas y de nuestras erradas acciones. Por eso heme aquí escribiendo a las 3 de la mañana solo porque tuve un haz de inspiración que muy probablemente será publicado hoy mismo en mi blog, para que 3 personas lo lean y pueda sentirme satisfecha de que la tecnología me ha jugado una buena probabilidad y satisfacción virtual.
Esta satisfacción de la que hablo es tan vana como inexistente. Es temporal y me causa un beneficio psicológico incomprensible, muy semejante a las sensaciones que me producía hacerme esas esperanzadoras preguntas acerca de la supuesta relación que creía tener contigo.
No podrías jamás entender como me reconforta recordarte. Sería capaz justo ahora de hacer mil poesías, cada vez que recuerdo tu perfume y el olor que desprendía tu piel. Poesías sin nombre:
“Y ahí estaba totalmente deshojada, y tú me tomaste de los labios como quien busca soplarle el deseo a un diente de león. Soplaste sobre mí hasta que sólo me quedo el capullo. Me dejaste sin nada y tuve que ser solo la flor sostenida entre tus manos.”
Es triste sólo existan no más que estas letras virtuales para dibujarte. Entre estas letras quedan enclaustrados momentos de los cuales muy improbablemente me podrían volver hacer sentir como ahora en este escritorio. Sola. Escribiendo relatos en vez de escribir el ensayo debido y obtener mi grado universitario. Recuerdos juveniles encerrados entre palabras que serán subidas en un momento a la nube.
Aún así estoy al tanto de que mi yo de ahora no reconocería al yo que lee esto en tres años, pues en esos años probablemente me encontraré escribiendo sobre otro amor, o sobre ninguno, o sobre varios, o tal vez ya no escriba, o tal vez ya no viva, porque si no escribo me muero, y si me muero estoy segura que será porque deje de escribir.
Por eso, a pesar del frío, escribo sobre este fiel escritorio, aún mas fiel y duradero que los instantes que me inspiraron a escribir esta historia sobre ti. Pensarte es como mirar un lecho floral sostenido frente a mí, pensarte es calidez, eres tú invitándome a volver a saborear las mieles de un lecho desperdigado. Por eso es que me lleno de nostalgia cuando me doy cuenta que en cuanto abro los parpados, en la penumbra desapareces.
Son solo los destellos de luz los que traen recuerdos, en la obscuridad me sería difícil trazar con mis dedos tu espalda. Por eso estoy refugiada como ovillo acendrado, creyéndome artista que manotea sobre la nada, donde la realidad fue una que ya ha dejado de existir.
A pesar de que el canto y el viento y los aromas me engañen, la realidad solo existe en mis pensamientos y las tormentas trastocan mis tobillos alejándome de la calidez de los tuyos.
Pero no te preocupes por mí, tal vez tu “Yo” en tres años logre conmemorar estas humildes letras. En el momento menos apropiado, en una de aquellas veces en que tendrás una cerveza de frente y comiences a rasgar su etiqueta con las uñas nerviosas (así como yo ahora rasgo una figura en la penumbra). Solo hasta entonces, cuando estés de esta forma, abstraído con la mirada perdida (como alguna vez yo la tuve sobre ti) algún acompañante indiscreto te haga la pregunta ¿Qué tienes? Sólo para que el orden de las circunstancias te altere y entiendas que ya fue demasiado tarde para arrancar la etiqueta…
PD. No es una invitación de compasión.

Comentarios

  1. Si alguien lee esto deme porfavor su opinión. Será muy bien recibida :)

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